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  • Foto del escritorLiria

Caminando con ella

Me saqué a caminar...y salimos juntas de la mano. Un paso con el pie derecho, las dos acompasadas. Al mismo tiempo levantamos el talón de atrás. Llevamos el peso a los dedos del pie izquierdo y al unísono desplazamos el peso al pie derecho, haciendo un paso luego con el talón izquierdo. Embelezada con la sincronización y el sonido armonioso de dos pasos que eran uno solo. Ya no se podía distinguir que éramos dos. Mi mirada descansaba en las copas de los árboles y en el color celeste del cielo. Me llegaba el perfume intenso impregnado en las hojas y en las ramas por el rocío de la noche. Vetas verdes y amarillas pasaban por mis ojos con el vuelo de algún pájaro. La brisa del aire tibio acariciaba mi piel robándome una sonrisa. Mi respiración era fácil, era serena y armoniosa. Las dos compartíamos ese momento supremo.

De repente toc, toc, toc, me distrajo ese sonido. Salimos a su encuentro. ¿De dónde venía? ¿Era un pájaro carpintero? A ver si vuelvo a escucharlo...

Y noté que me estaba alejando del camino. Ella tampoco se dio cuenta que pasábamos por un charco pisando el barro. No veía por donde caminaba. No se daba cuenta que había un pozo, que había un límite. Y yo pisaba con mi pie derecho a paso lento. Ella con el izquierdo acelerando el ritmo. Alarmada por perder la armonía, primero le grité para que volviera solo logrando que caminara aún más rápido y se alejara. Desde lejos, ansiosa, me señalaba una rama, una luz, un sonido, un recuerdo, me decía frases sin sentido, me mostraba un animal. Todo a un ritmo que rompía violentamente con la serenidad que habíamos vivido los minutos previos.


Olvidando por completo el sonido que nos distrajo, recordé el inicio de nuestra caminata y la imagen de nuestras manos juntas. Me enfurecí aún más. ¿Por qué eso ya no era lo mismo ahora? Consciente de mi enojo, inhalé y exhalé. Inhalé y exhalé otra vez y otra vez. Con esfuerzo busqué palabras amables y me mantuve decidida a lograr que volviera. La invité con cariño está vez a seguir juntas. Me escuchó, se dio vuelta y de a poco ya más atenta y algo curiosa volvió. Caminamos a la par. Otra vez el ritmo parejo de los pasos. Sonreí internamente, aliviada. Pero sabía que la escena volvería a repetirse. La mente es así, siempre quiere tomar las riendas. Se distrae y se aleja. Debo estar atenta si quiero lograr que me acompañe en esta caminata - pensé.




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