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  • Foto del escritorLiria

Milagros

“Imagina a dos astronautas que viajan a la Luna y, cuando están allí, su nave tiene un accidente que les impide regresar a la Tierra. Solo les queda oxígeno para un par de días y no hay esperanza de que, desde la Tierra, llegue alguien a rescatarles. Solo les quedan dos días de vida.


Si en tal caso les preguntases: «¿Cuál es tu deseo más profundo?», ellos responderían: «Volver a casa y caminar de nuevo por nuestro hermoso planeta». Con eso les bastaría. No querrían nada más.


No les interesaría entonces ser directores de una gran empresa, celebridades ni presidentes de Estados Unidos. Solo querrían estar aquí, caminando por la Tierra, disfrutando de cada paso, escuchando los sonidos de la naturaleza y sosteniendo la mano de su ser querido en un paseo a la luz de la luna. “

El maestro Thich Nhat Hanh, en su libro Miedo, con este ejemplo siembra en nosotros sigilosamente varias preguntas: ¿Cómo estoy viviendo mi vida? ¿Cuáles son mis valores? ¿Y mis prioridades? ¿Soy consciente de que todo terminará en algún momento y de que ese momento puede ser muy pronto?


La intención no es asustarnos pero sí incentivarnos para que nos detengamos y miremos nuestra forma de vivir.


Agradezco haber recibido estas enseñanzas años antes de que mi madre enfermara y falleciera porque estuve mucho más presente cada vez que fui a visitarla, cada vez que compartimos momentos juntas. Pude valorar la posibilidad de estar con ella, de escuchar su voz, de mirar sus ojos alegres y aniñados. Tuve que detenerme y ejercer mi voluntad para lograrlo. No era algo que pudiera hacer automáticamente. Estaba acostumbrada a dar por sentado que ella allí iba a estar, o a que yo iba a llegar a su casa. ¿Este conocimiento me impidió sufrir? No. No es esa la intención, pero puedo decir que cuando el momento llegó había cierta calma en mi corazón.

Hoy estoy muy cansada y todo me invita a quedarme en mi casa. Sin embargo, desde la ventana vi las ramas de los árboles mecerse con el viento. Vi diferentes colores en el cielo y los pájaros volar frente a los pocos rayos de sol que quedaban para este día. Entonces me dije: “No quiero perdérmelo. Quiero sentir la caricia del viento en mi rostro. Quiero escuchar el sonido de mis pasos pues gracias a Dios puedo caminar. Quiero sentir el calorcito del sol en mi piel. Y estoy aquí para vivirlo.” Entonces salí y lo viví plenamente.


Sigue diciéndonos Thay, como lo llamaban sus discipulos:


Debemos vivir cada día como personas que acaban de ser rescatadas de una muerte segura en la Luna. Estamos en la Tierra y debemos disfrutar del privilegio que supone caminar por este hermoso planeta.

Y él también cita a un maestro:


El maestro zen Linji dijo: «El milagro no consiste en caminar sobre el agua o sobre el fuego. El milagro consiste en caminar sobre la tierra».


Darte cuenta de que podés caminar es un primer paso. Y a partir de ahí, es darte cuenta del calor que reciben tus manos al tomar una taza de té. Darte cuenta de que alguien te dijo Gracias o te dijo Te amo. Darte cuenta de que esa flor floreció hoy y ayer no estaba. Darte cuenta de que tus ojos están sanos y te permiten leer estas líneas. Es darte cuenta de que tus ojos se abrieron también esta mañana y tenés todo un día por delante que vivir.


Espero de corazón que, con la ayuda de este enorme maestro, haya podido inspirarte a que disfrutes este milagro de estar viva.

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